Blogia
Blog de #biblioteca del irc-hispano

Antes muerto que intelectual

Una velada maravillosa

A Gatopardo que tiene unas ideas cojonudas y amigos que las estropeen

Estaba muy nervioso. Llevaba mucho tiempo soñando con esto, y por fin, lo había logrado. Me había costado ímprobos esfuerzos, pero al fin me habían admitido en el club, y lo mejor de todo es que esa noche iba a poder asistir con todo el grupo a un recital poético. Uno de veras, no por la tele, no, sino en vivo y en directo. Qué nervios. Esta noche se iban a medir dos de los grandes en la arena del Lyceo Vallecano, el Vate Vallecano, contra el Real Poema, el actual campeón. Sabíamos que iba a estar muy difícil, pero jugábamos con el factor campo, y los aficionados íbamos dispuesto a darlo todo. Me puse mi terno negro con camisa blanca, me eché al cuello la bufanda con los colores del club, y nada más salir a la calle me encontré con algunos compañeros que se dirigían al Lyceo, y que ya venían calentitos de la taberna, entonando a pleno pulmón el himno "Con un verso y una perla y una pluma y una flor", que yo, emocionado, secundé con brío.
Teníamos asiento al fondo del gallinero, pero ahí es donde mejor se viven estas lides. La gente discutía gesticulante sobre quién debía salir primero, y sobre si había que atacar duro desde el principio, o ir a verlas venir, y según recitaran los del real, contraatacarles. Se comentaban también los resultados de los recitales anticipados de la víspera, con la contundente victoria del Verso Club Barcelona sobre el colista, el Monorrimo Logroñés; y la sorpresa de la derrota en casa del Athletic Versolari de Bilbao contra el Cádiz Murga Club.
-¡Teníamos que haber fichado a Ripiete, cuando nos lo ofreció el Milonga del Plata! -decían los entendidos.
-¡Pero si es un paquete, si no hila un pareado!
-Porque lo suyo es el verso blanco, que no lo entendéis.
-¡Verso blanco, verso blanco... eso en Europa no cuaja, eso va bien para el juego americano, que es así, florido y vistoso, pero en Europa se juega más disciplinado.
-¡Ahí, ahí! muy bien dicho -afirmó mi compañero de asiento, Enrique, que es un poco bruto, pero muy sincero y cabal- Aquí esas florituras no cuajan, aquí hay que salir a la palestra dominando la lira y el soneto.
-¡Huy el soneto! -terció otro que no conocía pero que llevaba el arpa de oro en el ojal- ¡Si ya no quedan sonetistas! Ya ve usted, ahora hacen los sonetos rimando los dos cuartetos con distinta rima ¡dónde se ha visto eso!
-Sí señor, muy bien dicho.
Y entre estas y otras expresiones, nos dimos cuenta de que ya estaba la mesa llena, con los rapsodas a ambos lados, los árbitros en medio, atentos a cualquier infracción, y la moneda en el aire. Sacaron ellos.
En fin, no podría contar detalladamente cómo fue el partido, pero desde luego que es distinto que en la tele, aunque aquí no repiten los mejores versos, ni las faltas. Pero, ah... el ambiente, el ambiente hace mucho, se respira la poesía como no se consigue en casa repantingados con la birra y las patatas. ¡Y los pateos cuando recita el contrario! Oh, es algo épico, un sonido que te pierdes si no estás ahí viviéndolo. Se me han quedado algunas estampas en la memoria, eso sí, claro. Bueno, ahí es nada... haber visto a Lorquín II metiendo una metáfora sobre el corazón en un poema con los versos finales rimados en esdrújula. ¡Lástima que no jugase con nosotros porque es un artistazo! La gente, bueno, su hinchada, que estaban al otro lado del foro, le gritaba ¡futbolista, futbolista! Qué cosas discurren...
Los nuestros estuvieron bien, el maestro Machadillo aguantó a pie firme, qué presencia de ánimo, y qué bien supo parar unas liras de Campoamores y contrarrestar con un romance épico. Y Paco Quevedón hizo una de las suyas, empezó con lo que parecían unos tréboles encadenados y allá que se fue, hasta que lo tuvieron que parar en falta, con unas vozarradas tremendas del Loco Panero, gritando ¡lobotomízame! qué bruto, que se lo tuvieron que llevar en camilla, con una angustia vital tremenda. Si es que no sé cómo dejan jugar a ese salvaje. Y que el árbitro hizo la vista gorda, claro, como es del real... La verdad es que estuvo bien y reñido. Al final se impuso la lógica y los millones, claro. Y es que un equipo que se permite el lujo de tener en el banquillo cuatro premios Adonais... pues claro, a los humildes los arrasan, por algo les llaman "los parnásicos". Entre Neru y los extranjeros, Eliot, Quasimodo... ufs... nos bailaron. Que si una égloga, mía, tuya, zas, y el pobre de Zorrillita a verlas venir. Y al final el propio Juan Ramón nos metió un soneto ¡con estrámbote! En fin, menos mal que tenemos más moral que el Gongorino. Al final, pitos, palmas, la gente que gritaba "Villenistas, que sois unos Villenistas", "Anda que ni con Benedetti en la banda atináis" y otros insultos por el estilo. Y a la salida, nos largamos todos juntos a "El kiosko de malaquita" a ver si llegábamos a ver el tercer tiempo con las repeticiones.
Es lo que tiene la tele, que no te pierdes el detalle. Yo en la cancha no me enteré de la mitad. Sólo oí claramente a Sabi diciendo "...la juventud sólo puede lleganos por contagio", que luego salió en las mejores jugadas. Es lo que más me gusta del programa, tengo toda la temporada grabada. Tengo a Galetti, del Córdoba, en una que dice "Dónde pudo perderse tanto ruido, /tanto amor, tanto encanto, tanta risa / tanta campana como se ha perdido" Esa es buena, eh. Esa se la metió al Real Betis Epistólicomoral y le dio el triunfo. Y unos "Pasos sobre el papel" de Jaimito Siles muy buenos... "Hoy todas las palabras me vinieron a ver", qué bueno es, qué estilazo tiene. Disfruté mucho con una de un chico de segunda división pero capaz de grandes cosas, Tejadilla: "...pasar lista al amor, y, pues no vino / echar el corazón fuera, a buscarlo". Tengo un paradón tremendo de Javi Salvago, hostia, qué manera de cortar: -"Es el amor que pasa. - Pues que llame a otra puerta". Y un regate de Isabelo Escudero muy bonito: "Será verdad el amor /cuando ves pasar la gente / de dos en dos". Qué elegancia. Pero de entre todas, la que más me gusta, aquello con lo que me quedo, es con el juego alegre, siempre oportuno, siempre ahí, preciso, asistiéndote, de Guillenete: "Amigos. Nadie más. El resto es selva". ¿Y tú de cuál eres?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Oficios de ayer

Oficios de ayer Amodorrado en la cama me ha dado por pensar en la blandura del colchón de látex tan cómodo que tenemos, y tan limpio y aséptico y enemigo de ácaros y demás bichos, y por contraposición, he recordado cuando mi abuela llamaba al colchonero, un par de veces al año, para varear la lana de los colchones, descoserlos, airearlos, y mullirlos. ¡Y nos parecían en summun de la comodidad! Y tras el desaparecido oficio de colchonero me han ido saliendo otros que veía en mi infancia y que, afortunadamente, fueron pasando a la historia con más pena que gloria. Requiescat, gorigori y tal para ellos.

El Colchonero
Venía una o dos veces al año, solían ir por parejas y ser mozos fornidos que voceaban su oficio por las calles. Cuando las mujeres les llamaban y concertaban un precio, extendían unas mantas cuarteleras sobre el suelo, y en ellas extendían uno a uno los colchones. Cogían un colchón, lo descosían, extendían la lana y la vareaban con largas varas de fresno hasta que se mullía y ahuecaba. Luego volvían a coser el colchón, ponían la mano y hale, hasta la primavera próxima.

El trapero
Andaba por las calles llevando a mano, o con una bicicleta, un remolque en el que iba amontonando trapos viejos que compraba de casa en casa. Al grito de "¡El traperoooo!", las madres mandaban a las chicas a ver qué les daba por los recortes de las muchas labores de confección que se hacían entonces en las casas, o por las prendas apolilladas y ya sin recuperación, o por el forro que hubo que quitar al abrigo para ponerle uno nuevo, o por los pantalones rotos y zurcidos del niño y que ya no valen a su hermano.

El pelaire
Era un hombre odiado por chicos, guardias, mujeres con la cesta de la compra, y cualquiera otro que paseara por la calle, ya que olían a demonios él y su mercancía. Solía andar con una bicicleta con cesta, o un remolquito, e iba comprando, como su nombre indica, pellejos. Pellejos de los animales que se mataban en las casas, o que se compraban con piel en las pollerías y carnicerías. Objeto de su deseo más común solían ser, pues, los conejos, pero también algún cabrito, choto, o cordero. Se movían más por los barrios periféricos, abundantes en casas con corral, que en los de bloques.

El farolero
Sí, claro, porque las farolas no se encendían y apagaban todas de consuno como por encanto, como pasa ahora, no señor, las farolas tenían su interruptor, una palanquita que estaba arriba del todo de la farola para que no la pudieran tocar los chicos o los bromistas. Así que para allá andaba el farolero, con un palo como de cuatro o cinco metros de largo, con una cruz en su extremo, de farola en farola por toda la calle, encendiendo a la atardecida, apagando al amanecer. Lloviera o tronara. Qué vida esta, siempre mirando p'arriba.

El estañador y paragüero
Esto era tecnología punta, eh, casi nada... El estañador y paragüero llevaba la herramienta, nada menos, consistente en un hornillito con el que derretía el estaño... Ah, ¿que qué es lo que hacía este señor? Claro... olvidaba que puede no saberse lo que hacía. Pues se dedicaba a arreglar ollas y sartenes; perolas y sartenes que se agujereaban del uso, y de las limpiezas con cepillos metálicos, ya que todas, absolutamente todas, se pegaban (no tenían culo de teflón), y tampoco estaban hechas con los buenos materiales de ahora, como acero inoxidable, no señor, eran de hierro... las buenas. Y una perola costaba sus buenas pesetas, así que si se le hacía un agujero, mejor que lo restañasen por una perragorda que tener que comprar perolo nuevo. También llevaba varillas para los paraguas, y un hilillo resistente, y los topes para enganchar la tela, que los paraguas costaban un ojo de la cara y pasaban de padres a hijos.

El afilador
Este, si acaso, es uno de los pocos que perduran, pero con mejor herramienta. El afilador era, indefectiblemente, gallego, y era la envidia de los chicos, que lo seguían y bailaban y hasta hacían burla, pero que en el fondo, era envidiado, porque todos queríamos andar por los mundos con aquella rueda grande grande, y haciendo algo tan importante, pero que parecía tan fácil de aprender, como afilar los cuchillos. Y era un trabajo muy agradecido, porque las mujeres se quejaban mucho de lo mal que cortaban los cuchillos, claro ¡como aún no habían inventando los cuchillos de sierra! El afilador llevaba una flauta de pan, de aquellas con muchos agujeritos, y la hacía sonar dorremifasolasisilasolfamirredó una y otra vez, los chicos cantábamos: "El afilador, mató a su mujer, le sacó las tripas y la fue a vender"

El revisor del tranvía
Era el más temido por la chiquillería, nada podía en el mundo haber más espantoso que el que te cogiera el revisor en el tranvía sin el billete. Se sabía de muchachos que habían sido conducidos a comisaría de la oreja por el revisor, y cuyos padres habían tenido que ir a pagar la multa, amén del oprobio y la vergüenza de verse tratado como un criminal. El revisor entraba al tranvía, anotaba los números que le daba el cobrador, y luego andaba pidiendo billetes a diestro y siniestro. Algunos bajaban precipitadamente del tranvía, otros usaban el método de llevar el billete entre los dientes y cuando lo iba a mirar, oh sorpresa, se habían borrado los números hasta hacerlos ilegibles. El revisor bufaba y decía cosas poco gratas, mientras el infractor ponía cara de ofendido y de usted no sabe con quién está hablando.

El limpiarraíles
Porque las vías del tranvía se ensucian, sí, y hay que limpiarlas de cosas que se le adhieren y que, vaya usté a saber, puede provocar un descarrilamiento. Allá que va el limpiarraíles, con su uniforme de la compañía y su silbidito, jugándose la vida por mitad de la calle, siempre de día, porque de noche es peor, los coches no le verían, y caminando contra el sentido de la circulación, para ver lo que le puede matar. Con su palo grueso de más de un metro de largo, con una cazoleta con una uña de hierro en la punta, uña que iba metida en los raíles para ir rascando las porquerías, piedrecillas sobre todo, que podían quedar encajadas en el angosto hueco del raíl.

El caracolero
Solía ser gitano, incluso gitana, y llevaba un tazón de peltre con asa que llenaba de caracoles, a perrica o a perragorda, y que volcaba en un cucurucho de papel de periódico. El cesto, eso sí, era una típica cesta caracolera, como de medio metro de alta, más ancha en su mitad que en el culo y la boca, y con tape, para que los bichicos no hicieran turismo. Eran considerados complemento imprescindible en paellas, ranchos y calderetes.

El chatarrero
Por lo común, tenía establecimiento, un local, corral o casa baja donde amontonaba lo que iba comprando. El chatarrero tenía dos clases de negocio, el menudeo y el por mayor, el menudeo le iba a casa, los chicos, y las chachas acudían a la chatarrería con algún trasto viejo metálico por si podía valer algo, y generalmente podías salir de allí con un real o dos, incluso una peseta si el cacharro llevaba motor eléctrico, con su hilo de cobre. Pero el chatarrero también iba por las casas, no por todas, sino donde veía obra, que arreglaban en el barrio un balcón, allá acudía el chatarrero a comprar los hierros oxidados; que cambiaban unas ventanas, allí estaba él comprando las manijas y los anclajes del marco. El chatarrero entre semana era como un gitano, pero los domingos parecía un señor. Se ve que el negocio daba para mucho.

El cestero
Este sí era gitano, sin duda, y sin duda también era el más cómico de todos, porque los cestos, bien es sabido, no pesan, pero abultan, y era común aunque chistoso, ver al cestero moverse por las calles con su mercancía encima, un montón de cestos cogidos entre sí con unas cuerdas, que hacían un bulto enorme, un bulto enorme del que sobresalían unas piernecillas negras con alpargatas. Señá María ¿quiere usté un cestico? Estos son buenos pa poner las olivas en la ventana, y estos otros cuadradicos para guardar lo que quiera y puede sentase encima, que l'aguantan. Estos a peseta, estos otros una cincuenta. Oiga ¿y me haría una chichonera pa mi chico, que es mu tozolonero? Sí señora, pero eso ya hay que tomarle la medida del cabezorro al chaval, y luego que el forro sí que lo tiene que hacer usté, eh.

El sereno (o vigilante)
Era muy importante, porque tenía las llaves de todos los portales, y linterna para andar de noche, y gorra de plato, y a la noche, era la autoridad, algunos decían que mandaba como la policía. El vigilante yo no sé muy bien lo que hacía, porque a las horas en que trabajaba yo estaba siempre durmiendo.

Faltan más, seguro que no me acuerdo de alguno, y otros que son tan viejos que ya no les conocí, como el jabonero, que iba por las casas haciendo jabón para las mujeres con las grasas que le daban. O el hombre que compraba pelo. Pero de estos sé por referencias, no por haberlos conocido.

Memoria de Copito

Memoria de Copito Hace poco más de un año que murió en el Zoo de Barcelona Copito de Nieve. Tenía unos 39 ó 40 años, lo que equivaldría a unos cien años en la vida de un humano. Este animalote era un profesional del espectáculo y se ganaba la vida con una dignidad tremenda. Uno iba a verlo, allí al otro lado del cristal, y se encontraba con una mirada escéptica que te contemplaba a ti, y te dabas cuenta de que el simio te encontraba menos interesante que tú a él. Seguramente hizo más por la promoción de Barcelona que muchos prohombres de la política municipal. Y, desde luego, en el día de su muerte, descubre uno, que Floquet de Neu no concitaba sino el aprecio de sus conciudadanos y la simpatía de los foráneos. Hay unanimidad en cuanto a que la gente sentía por él cariño ¿qué tenía este primate que no tengan otros? Seguramente un sesudo análisis nos conducirá a la certeza de que cualquier homo políticus acaba acarreando algún daño a sus semejantes, mientras que este, casi un homo inocens, el máximo mal que podía hacerte era el de no hacer caso de tu presencia, o el de manosearse el miembro mirándote fijamente a los ojos ( mas turbaba a más de una) (tampoco está demostrado que esto sea un "mal").

14 de febrero

Dedicado al Corte Inglés, que tanto hace por nuestros amores.
Pa decirte que te quiero
te regalo este poema,
porque es que tengo el problema
de andar corto de dinero.
Pero sé que tú, mi vida,
con tu corazón amante,
como si fuera un diamante
lo aceptarás conmovida.
Con movida… porque esperas
menos verbo y más parné,
pero te dedicaré
estas palabras sinceras:
Chiquilla, me tienes loco,
estás que quitas el hipo,
pero no por tu buen tipo
¡que das susto como el coco!
Pero a mí eso me da igual,
lo que importa es lo de dentro,
y si tú eres un encuentro
entre humano y animal
no voy a fijarme en eso,
ni en que bizquees tampoco,
ni en que te laves tan poco
que siempre huelas a queso;
ni en que te cuelguen las tetas,
gracias no tengas ninguna,
que serías la vacuna
a la lujuria en porretas.
Aunque vomitar me hagas
cuando te voy a besar,
y se puedan proyectar
películas en tus bragas;
te quiero con tus defectos,
chilles como una olla express,
calces un cuarenta y tres
y te pedas con efecto.
Aunque tengas almorranas,
ojeras, granos, verrugas,
mollas, morreras, arrugas
y sudes a palanganas;
y se te caiga a puñaos
el pelo cuando te peinas….
para mí tú eres, mi reina
¡la que corta el bacalao!
* * * Oz ®

Fútbol, y deporte de verdad.

Fútbol, y deporte de verdad. Me confieso seguidor de los deportes minoritarios y un damnificado del omnipotente fútbol que todo lo arrasa. A mí se me pasan los ratos ingrávidos viendo a los gimnastas dar sus volteretas, y hago cábalas acerca de cuál lo hace mejor para mi gusto y si están o no los jueces acertados en sus puntuaciones. La alegría del que bate un récord de algo me parece más limpia que la del futbolista que mete un gol por el escandaloso precio de varios millones. No hay más que ver la mirada de la nadadora tras conseguir su medalla y compararla con la del pegapatadas que sabe que, gracias a esa jugada que acaba de hacer, su mujer, su topmodel, podrá comprarse otro bmw para ir a buscar al niño al cole. Millones y millones de deportistas de sofá regüeldan sus cervezas, sudan, sufren, gritan, insultan y devoran toneladas de ganchichos embrutecidos con los avatares más mediáticos que deportivos de sus ídolos del balompié. Un espectáculo que permite a cada cual seguir en sus trece. El fútbol se distingue por no saberse nunca quién es mejor ni quién vale más. Fijaos bien. Así, permite fijaciones personales, adscripciones partidistas. Uno puede nacer siendo del Madrid o de Barça y morir sin haber tenido nunca la convicción de que hay un equipo mejor. Cuando un equipo pierde siempre es por alguna buena razón y esa derrota no significa nada. ¿Conocéis muchos aficionados al fútbol que hayan sido de un equipo y luego de otro, e incluso de un tercero? No. El fútbol es un deporte irracional. El fútbol tiene la más pequeña cantidad de deporte que pueda tener un deporte. Son otros los ingredientes que le hacen espectáculo de masas, no lo meramente deportivo. Sí, yo soy deportista, y por eso no me gusta el fútbol. Fui un par de veces y quedé asustado. Todo eran insultos, gritos, menosprecios. Si yo soy árbitro y un espectador me grita lo que les suelen gritar, subo a la grada y me lío a mamporros. Me alucinaba sentado en el graderío al ver que casi no podía respirar por el humo del tabaco ¡y eso en un estadio al aire libre! ¿Llamamos deporte a eso? ¿No está prohibido fumar en recintos deportivos? No, no, a mí me gusta el deporte, o sea: los deportes minoritarios. Aparte de "el mío" de toda la vida, que es el atletismo, disfruto viendo por la tele cuando en fechas señaladas echan gimnasia, remo, halterofilia, yudo, grecorromana, jóquey. Y buena culpa de este estado de cosas lo tienen los periodistas, que le dan mil vueltas a cualquier pequeñez futbolística antes que hablar de otros deportes que no venden. Y también tiene buena culpa el que se pueda hablar de fútbol sin entender. Cualquiera puede opinar sobre fútbol y no hay forma de rebatirlo, es cuestión de gustos, y no de ciencia. Para hablar de otros deportes hay que saber, hay que entenderlos, hay que haberlos estudiado, lo del fútbol es más bien ósmosis. A mí me gusta ir a ver las carreras de campo a través que se hacen por aquí cerca, o ir a las competiciones de atletismo de niños ¡eso sí es entretenido y sano! Lamentablemente un niño puede quedar campeón de su comunidad en carreras de vallas y no ha ido a verlo ni su abuelo, en cambio si juega en el equipo del bar Pepe contra el Orejilla FC, fletan un autobús y se desplaza a presenciarlo medio barrio. Hay cosas que no entenderé nunca. Sólo me alegra tener la convicción de que ninguno de esos millonarios del deporte rey tiene, ni tendrá nunca, la sonrisa de Gebreselassie después de perder su título olímpico.

Otras razones para preferir el atletismo al fútbol

Foto 1Foto 2

Foto 3Foto 4

Cascó la vecina de arriba, nació Mariana ilegalmente, Linda caga mirándome a los ojos, y todo ello guarda relación. ¡Cáscatela Campanal!

Cascó la vecina de arriba, nació Mariana ilegalmente, Linda caga mirándome a los ojos, y todo ello guarda relación.  ¡Cáscatela Campanal! Sí, la vecina de arriba cascó repentinamente, se puso pocha, llamaron a urgencias y ya cuando la metían en la ambulancia se dieron cuenta de que palmaba y la volvieron a sacar, de donde resulta que la palmó en el zaguán de casa. Yo no la conocía, pero por el retrato que han puesto desde luego que no vivía aquí porque aquí todas las viejas son más viejas que la finada, y eso que era octogenaria. A Linda no le gustaba, eso seguro. A Linda las viejas no le gustan, se ve que les huele las miserias y se atufa y espanta, cosa que no le sucede con los viejos. Las hembras, dígase lo que se diga, tienen peor declinar que los varones y se ajan de manera más estrepitosa. Linda se acerca medio confiada a los viejos porque no se espera mal de ellos, pero a las viejas las mira con algo de resquemor, por algo será. La abuela esta que cascó lo hizo con todos los papeles en regla, partida de nacimiento, fe de bautismo, deeneí, título de la propiedad inmobiliaria del piso y de cuatro fanegas de pino bajo y matorral que tenía por la provincia de Soria, cartilla del seguro, pensión de vejez y de viudedad; lo que se dice todo, sólo le faltaba el certificado de defunción y se lo dieron en un pispás. ¡Y si hace falta se muere por triplicado! Si hasta la dejaron despenarse en el portal para evitarse papeleos dejándola morirse en la ambulancia. Que no sabe usted lo jodido que es que se le muera a uno alguien en la ambulancia, porque está prohibido transportar cadáveres en ellas, y porque te abren expediente a ver por qué se te ha muerto y si lo has cuidado bien, y te ves delante del juez instructor que te vuelve loco. Y luego hay que limpiar la ambulancia de arriba abajo frotando con jabón de marsella y un cepillito de dientes hasta dejarla como los chorros del oro. ¡Y no exagero un pelo, eh!
-No, no, ya lo suponemos, como no es usted andaluz, qué va a exagerar.
-Por eso.
En cambio Mariana nació sin ningún papel, ni ella ni sus padres, que entraron en el solar patrio ilegalmente y aquí la engendraron. De resultas de haber comprado unos condones que vendía un negro muy baratos encima de una manta y que salieron chungos. Padres ilegales, condones ilegales e hija ilegal. Sin más papeles que las toallitas esas que se gastan ahora para limpiarles el culo a los nenes, que ni les deja escociditos ni nada.
-Allá en la manigua les limpiábamos el culito a los nenes con una hoja de tabaco bien limpica, que la oló se ve que espanta las niguas y los jejenes, pero las toallicas estas, caballero, ya son cosa del primer mundo, oiga.
-No, si le creo, le creo, esto del orden de los mundos se nota mucho más en las diferencias en el uso del papel higiénico y los retretes. Vamos, en eso y en la democracia.
Mariana no tiene ni un papel que llevarse al nombre y los apellidos, en cambio a la vieja la enterraron en papeles, incluyendo la esquela en el periódico, y los sueltos que pegan en las tiendas del barrio para aviso del vecindario.
-Ay, la señá fulana, fíjese, pero si el otro día la vi ir a comprar el pan tan pincha ella.
Hasta Linda tiene más papeles que Mariana. Linda tiene su licencia perruna colgada del collar. Linda es una perra informatizada, lleva un microchip inserto en los pliegues del cuello, yo se lo noto cuando la rasco, como un bultito. Con ese microchip la pueden seguir por GPS los del ayuntamiento por si se desmanda, y saben si está olisqueando el alcorque del primer plátano según se entra al parque a mano izquierda, o si anda triscando montaraz por los jardincillos con Rex y Morgan. Cualquier día nos insertan a los humanos el microchip y ya no hacen falta papeles y nos tienen a todos controlados. Así no se darían ilegalidades como las de Mariana y sus padres. La policía miraría el mapa de la piel de toro y vería tres puntitos rojos a ocho mil kilómetros de su procedencia legal y ¡zas! la larga mano de la ley caería sobre ellos. Cualquier día. A Linda todo esto se le da una higa, la deja indiferente. Linda me mira a los ojos mientras caga sin ningún pudor, animalico, tan feliz ella, y entonces me doy cuenta de cuánto complicamos la naturaleza sencilla de las cosas. Linda hace su montoncito en el césped, su chaquito en la esquina, y menea el rabito satisfecha, y no necesita de papeles ni para limpiarse el culo. ¡Es lo que tienen los perros, que no se manchan el ojo el culo porque se les sale como un cachito que luego se les mete! ¡Ya podíamos los humanos tener un mecanismo así, no habríamos talado medio Amazonas para limpiarnos la porquería con él! Luego en casa se toma su cuenco de pienso y viene a tumbarse a nuestro lado mientras cenamos. De repente levanta el cuello y regüelda sonoramente; alu y yo nos miramos y nos echamos a reír. ¡Que aproveche, Linda! Pero ella no se da cuenta de lo improcedente de su conducta, como Mariana, que llega y nace donde la madre asienta y sin mayores miramientos ni pólizas. La vieja seguro que se murió de una enfermedad antigua; ahora el personal casca de cosas modernas: fallo cardiaco ¡fibrila, fibrila, exclama el personal sanitario!; de una crisis hiperglucémica; de síndrome respiratorio agudo... Pero esta vieja seguro que ha muerto de una alferecía, un cólico miserere o un patatús. Sí, para mí que de un patatús, se ve que no estaba en la onda. Podrían darle su chip a Mariana ¿no?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

De cómo operaron dos veces de la próstata al tío Siscu

De cómo operaron dos veces de la próstata al tío Siscu A todo esto que mi primo el Jordi, o sea, Yordi, el que trabaja en el Hospital de Bellvitge, o sea Belbiche, es un trapisondas. (La Familia Trapisonda, un grupito que es la monda, otro día hablaré de tebeos viejos). Pues que estuvo viendo al tío Siscu (Francesc pone en el dni, que yo lo he visto) que lo han operado de la próstata y andaba chuchurrío y con razón. El Jordi se ve que no se quedó muy contento de lo que le habían hecho al tío los colegas, y estaba de mala leche. Lo cual que luego se fue a su trabajo, que como es médico trabaja allí de no sé qué, pero no mata, o sea, no atiende enfermos (igual los mata con mayor disimulo). Y que cabreado con lo del tío, andaba distraído y ensimismado y va y se corta un dedo, no todo, una rajilla, con un bisturí o algo parecido. Claro, como en casa del herrero, al tío, o sea, al primo, para curarse no se le ocurre otra cosa que buen chorro de alcohol, que ahí lo tienen en garrafones, pero con tan mala malo que va a curarse al lado de un mechero bunsen (que no quieras enterarte de lo que significa bunsen en alemán...) y zas, se prende fuego la mano, el brazo y el bigote. En realidad sólo medio bigote, pero claro, se tuvo que afeitar luego él el otro medio porque quedaba un tanto asimétrico. Ahí sí que le tuvieron ya que atender los colegas, lo vendaron y lo mandaron para casa de baja y con unas pasillas contra el cabreo. Aprovechando que era temprano y que la parienta, la Montse, no trabaja, o lo que es lo mismo, es ama de casa (¿se comprende la invectiva?), se dice: "Aprovechemos el día de fiesta". Y ante la perspectiva de pasar el día de baja con la montse pasando la vaporetta bajo sus pantuflas, decide llevársela de paseo. Así que la engancha, la otra con su chándal, coge el ibiza y allá que se van al Safari Parkde El Vendrell. Ella, torpe perdida conduciendo y él poniéndola nerviosa, dolorido del brazo quemado, y con los analgésicos zumbándole. Se meten en el safari y lo primero que les dicen es que los cristales cerrados, que no salgan y que ni se les ocurra darles nada de comer a los bichos. Claro, el parque para ellos solos, octubre, entre semana (los catalanes dicen "los días de cada día" a los días de entre semana, ya ves), y por la mañana a la apertura del parque. Fenómeno, para eso se había llevado él la digital, para tirar fotos a manta. Pero no contaba con que ella se ponía más nerviosa si cabe con los animales. Sobre todo los monos que se le subían al coche. Se ve que los animalicos están acostumbrados a sacarle comida al personal visitante y te ponen la mano que parece que te estén vendiendo La Farola, con cara de lástima. Compadecidos, empezaron a darles cacahuetes. Y de paso, comían ellos. Mas hete aquí que llegaron donde los elefantes, y se ve que también les junaron los manises, y se les acercó una elefanta pequeña, muy simpática ella con la trompa por la ventana a que le dieran un cacahuete. Y el Jordi, emocionadito por aquello de ver una probóscide tan cercana, bajó un poco el cristal y le dio dos o tres, que la plantígrada cogió de su mano. Pero la tal era una descarada, y metió la trompa dentro del todo del coche, para pillar la bolsa de los cacahuetes, sobre el regazo de la Montse, y ésta, presa de histeria por la invasión nariguil, y con la rodilla con un moco de un palmo, va y cierra la ventana. Zas, con el elevalunas automático, y le pilla la trompa. La otra, o sea, la elefanta, que se ve trompiprendida por la ventana y con los agudos gritos de la Montse, que suena como una tiza en una pizarra, se asusta, lógicamente, y estira para sacar la trompa... haciendo fuerza con la pata sobre la puerta. Saca la trompa, sí, pero mete la puerta para adentro doblada por la mitad como si fuera de papel, y encima le pilla el brazo derecho, que es el quemado, y le medio quita la venda al Jordi. La Montse histérica, el Jordi cagándose en su sombra, en su mujer, y en la National Geografic. Salen echando hostias del parque, y llevándose por añadidura un buen chorreo de la dirección del parque, que les coge los datos de la matrícula, les hace una foto a la salida y les dice que no vuelvan y que como le pase algo a la elefanta la pagan a precio de angulas. Ya calientes, se meten en un bar de carretera a tomar algo para que se les pase el mal cuerpo. El Jordi dos Torres 10, y la Montse una tila, y una pastilla rosa que le dio su médica con la advertencia de "sólo para momentos de mucho estrés". Iban bien los dos. Nada más salir del bar, a la Montse le da un vahído y el Jordi la sostiene y al cogerla se apoya en el coche. Entonces descubre, oh sorpresa, que uno de los jodíos macacos se había cagado encima del coche, y él se ha refrotado toda la mierda por la venda, y vaya peste, y vaya cabreo mayúsculo. Limpiándose la catalina del mono con toallitas húmedas y clínex, pero sin conseguir gran cosa. El Jordi hecho un basilisco, la Montse lagrimeando... se sube al coche, arranca y pumba, sin acabar siquiera de salir a la carretera se estampa contra un cartel de esos con una flecha indicando que por aquí se sale. El Jordi, cabreado, gritando, que quita de aquí que me pongo yo que estás tonta, no, que tú no puedes conducir con ese brazo así, se gritan, se enfadan, se sienta el Jordi ante el volante, arranca, echa marcha atrás, y oye un toc toc en la ventanilla, los mossos (como la Guardia Civil de Carreteras, pero versión catalana también): Bon día, su documentación, cómo es que conduce con esa mano que no puede sujetar el volante, tenemos que dar parte del choque contra la señal, quina pudó (qué peste), oiga, qué es esto que huele... A ver, sople aquí. Lo malo no fue que marcara un par de rayitas más de las permitidas, no, ni que no pudiera sujetar el volante, no, es que el otro guardia se acercó por el otro lado del coche y le preguntó que cómo se había roto la puerta. Y el Jordi, con aliento alcohólico, haciendo así con la mano vendada y pringada de mierda, por encima de una Montse derrumbada, con el rimmel corrido y lloriqueante, que le dice: -"Mire usté, señor mosso, esto ha sido una elefanta..."
Horas más tarde:
Así que le quitan el carnet, y tiene que volver la Montse conduciendo hasta Bellvitge después de despejarse, claro. El Jordi sube a que le cambien la venda y le repasen la cura del brazo y luego va a ver cómo sigue el tío Siscu. Cabizbundo y meditabajo como va, intriga al tío Siscu, que inquiere por su afligido aspecto, y el Jordi no tiene mejor idea que cascarle todo lo sucedido al tío de pe a pa en plan liberatorio. Total, que el tío se pega una jartá de reír que no puede parar, se le encaja la mandíbula, que se la tiene que desencajar un médico de una hostia, y entre el ataque de hilaridad y el desencajamiento, que se le saltan los puntos. Hasta los internos. Al quirófano de nuevo con él.
Al Jordi le prohibieron ir a verlo hasta que saliera del hospital.

Crónica Negra -El nefando crimen de las mandarinas-

Crónica Negra -El nefando crimen de las mandarinas- Expdte. G-2332/2003 Indagaciones preliminares. Homicidio en la persona de Pavía Huéscar, Ginés. Autora Céspedes Cantano, Dulcidia, esposa de la víctima.

Informe de los Agentes de la Policía Municipal C691 y H654 de patrulla en el coche Z-32.

Personados los agentes C691 y H654 en el domicilio conyugal de los citados, tras haber recibido llamada telefónica del vecino de planta de los mismos Ávarez Matute, Cosme, alertado por unas voces primero de pelea y luego de duelo en el piso frontero al suyo. Este vecino nos informa de que aproximadamente a las once de la noche, encontrándose dormido, es despertado por ruido de gritos procedentes de la casa de los vecinos, entre estos gritos dice destaca la voz de Dulcidia C.C. quien profiere amenazas a su marido de diversa híndole clase, entre ellas distingue las siguientes: "Hijoputa te voy a arrancar los huevos", "Cabrón esta me la vas a pagar, os mato a ti y a esa pelángana" (desconociendo los agentes y el vecino el significado de "pelángana", reflejamos aquí la palabra tal como parece sonar por si fuera de relevancia para el esclarecimiento de los hechos), "Te voy a meter las putas mandarinas por el culo y a esa por el coño", "A esa traidora le voy a sacar los ojos y a ti, a ti te mato primero" "Cabrón", "Hijo de siete leches", etc, y otras de la misma híndole clase. Que del mismo modo, dice el vecino Cosme A.M. oía replicar a la víctima con voz ahogada y apenas ahudible "No es lo que tu te piensas Dulci", "Te juro que no ha pasado nada", y que después oyó un golpe violento, como cuando se rompe un cántaro, pero más fuerte, y un silencio, y que después la vecina Dulcidia C.C. se puso a llorar y a gritar "Hay Dios mío que lo he matado", a continuación y siguiendo llorando "Haora voy a por tí perra, haora voy y te rajo como a éste" y que entonces, asustado, llamó al 092 dando parte.
Llamámos a la puerta de los actores, 3º Dcha, de donde se puede oír un sollozo entrecortado, identificándonos como Agentes de Policía, y nos abre la propia Dulcidia C.C. en bata y llorando, al tiempo que nos presenta las manos y nos pide que la llevemos presa diciéndonos que ha matado a su marido, y que la sujetemos o va ha matar también a una mujer a la que denomina "esa guarra", y que posteriormente identificaremos como Engracia Cespedes Pujalte, prima de la autora. La requerimos para que nos muestre el paradero de su marido y nos conduce al dormitorio conyugal donde hayamos a la víctima, este está tendido en el suelo al pie de la cama, en posición de "decúbito prono", con la rodilla izquierda doblada y el pie izquierdo sobre la cama, comprobamos que efectivamente parece muerto y llamamos al Sr. Juez y al Grupo de Homicidios, sin más tocar ni alterar el escenario del crímen.

Informe pericial preliminar del forense Dr. García de las Gándaras, Aurelio, en el escenario de los hechos.

La víctima es un hombre de 55 años, de unos 80kg de peso y 163 cm de altura, sin rasgos físicos reseñables, presenta herida contusa en el lóbulo parietal izquierdo, con fractura del mismo, que también parece afectar al frontal, con rasgadura epidérmica, derrame de masa encefálica y sin apenas hemorragia. Esta herida es sin duda la causante de la muerte. Presenta así mismo arañazos y hematomas recientes en torso, brazos y abdomen, de pronóstico leve. Todavía no acusa rigor mortis y la temperatura del hígado es de 35'9º, por lo que la muerte se ha producido en un lapso de tiempo no superior a una hora, en las condiciones ambientales existentes. La víctima está desnudo de cintura para abajo, viste camiseta de tirantes blanca y calcetines marrones. El arma que causó la muerte parece ser un crucifijo con brazos de bronce y efigie de lo que puede ser plata o alpaca, y pie de madera negra; este crucifijo se halla en el suelo junto al cadáver y tiene el lado derecho (visto de frente) manchado de sangre. La víctima mantiene el pene semierecto, lo que puede indicar que en el momento de la muerte estuviera manteniendo relación sexual que fue interrumpida bruscamente con el fallecimiento. Conjeturo, a falta de mejor probación forense, que le fue asestado un golpe teniendo el crucifijo con la mano derecha en la sien izquierda, y en trayectoria derecha-izquierda, puede ser que por una persona diestra estando de frente, o por una zurda que lo tuviera de espaldas, todavía no puedo precisar.



Informe preliminar del Agente ZI-788 del Grupo de Homicidios.

Personado por orden del Sr. Subcomisario Argensola en el domicilio de Engracia Cespedes Pujalte, de 45 años de edad, en calle Cáceres esquina a Puente Virrey, cercano unos cien metros del lugar de los hechos, inquiero por dicha persona. Ésta me recibe en compañía de su esposo Goloso Espún, Amancio. Preguntada sobre si está al corriente de los hechos ésta me dice que no y muestra sorpresa, a mi juicio real. Preguntada sobre si tuvo tratos con la víctima o su esposa, prima de la interrogada, el día de los hechos dice que sí, que se reunió con ambos en casa de ambos, como solía hacer a menudo ya que le une gran amistad con ambos, y que su prima Dulcidia C.C. la tarde de autos sobre las cinco de la tarde la obsequió con una cesta de mandarinas, que la gustan mucho a la interrogada, y que estuvo en casa de la víctima comiendo mandarinas y viendo los toros. Que mientras estaba viendo los toros con la víctima y la autora, ésta, la autora, dijo que tenía que salir porque había quedado para ir a la iglesia de San Nicolás con dos amigas suyas, llamadas Genobeba Cobos (y no sabe el segundo apellido), y Melchora (y no sabe los apellidos pero que tiene una mercería en la calle San José casi esquina con "el camino de las Alcachoferas" -que no viene en el callejero-) y que van cada lunes a visitar a ese santo. Que la autora salió de casa sobre las cinco y media y la interrogada y la víctima vieron los toros y tras ello, la interrogada volvió a su casa de inmediato, de donde ya no salió. La interrogada manifiesta y declara que sólo estuvo viendo los toros, y comiendo mandarinas, y que dejó a la víctima en buen estado de salud, y que sólo le unía a la víctima el lazo familiar con su prima y una buena relación por ser la víctima hombre de natural pacífico y amable. El esposo de la interrogada, Amancio G.E. manifiesta haber estado trabajando hasta las nueve de la noche en el taller mecánico "Garage Hnos. López" en el Barrio de Las Fuentes. Al advertir que entre la interrogada y su marido hay miradas y expresiones sospechosas, insisto en que quiero interrogar a la mujer a solas sin la presencia del marido, alegando que he de preguntarle determinadas intimidades sobre su prima. Ausente el marido, pregunto a la interrogada si cortó alguien alguna oreja en la corrida, y la interrogada se echa a llorar y confiesa que lo de comer mandarinas es cierto pero lo de ver los toros, sólo vio el primero, y que luego yació con la víctima, con quien venía manteniendo una relación oculta a los ojos de sus respectivos cónyuges desde hacía algo más de un año, aunque de manera esporádica, o sea, según ella, a salto de mata cuando podían escaparse de los otros dos. Pero que es cierto que dejó a la víctima en buen estado de salud, y que volvió a su casa, pero no tras acabar los toros, sino casi a las ocho y media de la noche, sabedora de que su prima no volvería antes a casa al tener una novena con el santo a las ocho. Que esta relación debió su inicio a que la apenaba ver a su prima que se había descuidado tanto y estaba tan gorda y tan fea, porque era de las que una vez que atrapan a un marido ya se dejan, y en cambio su marido, la víctima, seguía siendo un hombre atractivo y no se merecía tener por esposa a esa, que, según la interrogada era una foca y una harpía que lo tenía agobiado sexualmente, y que la víctima no sabía cómo escapar de ella, y que no podía verlos a los dos juntos sin asquearse por haber caído un hombre tan majo con alguien como su prima. Cité a la interrogada para ir a Comisaría y suscribir declaración al respecto.

Informe preliminar del Subcomisario ZI-22 del Grupo de Homicidios

Requerido por la Policía Municipal en el lugar de los hechos, como se describe en informe de la misma y tras las averiguaciones pertinentes, procedo a la detención de Dulcidia C.C., que se manifiesta autora del crimen. Comparece el Sr. Juez y ordena el levantamiento del cadáver tras el informe preliminar del forense y tras solicitar mi parecer, a lo que no pongo óbice, visto el estado de las indagaciones. Mando al Agente Madrazo a interrogar a Engracia C.P. y conduzco a Comisaría a la agresora, donde en mi presencia y advertida de sus derechos, renuncia a ser asistida de letrado en su declaración de los hechos. La agresora no puede escribir la declaración de motu propio al estar visiblemente alterada emocionalmente, por lo que dicha declaración se realiza con mis preguntas, y guiándola en la narración de los hechos, pero sin poner palabras en su boca ni acosándola verbalmente.



Declaración de los hechos de Céspedes Cantano, Dulcidia.

La culpa de todo la tiene esa guarra de mi prima, señor comisario, porque es ella la que lo engatusó que es una mala puta desde que era pequeña, que los chicos del colegio se conocían sus bragas mejor que la lección, que no se como me pude fiar de ella y dejarlos solos. Que mi pobre Ginesico, hay dios mío que lo he matado a mi pobre maridico mío yo por su culpa, puta. Que mi Ginés era muy bueno. Si yo me tenía que haber coscao porque a mi prima nunca le habían gustado los toros y mi marido es del Zaragoza y tampoco porque lo que le gusta es el futbol. Hay que no, que le gustaba el futbol, que lo he matado yo con estas manos, hay que va a ser de mi ahora sin mi Ginesico. A esa mala puta que no me la pongan delante que la mato, que la rajo porque por su culpa ha destrozado una familia. Que yo los dejé a los dos viendo los toros y le saqué una cesta mandarinas a mi prima, fíjese señor comisario como la trataría yo a mi prima con que confianza y con que cariño que hasta sabía que le gustaban mucho las mandarinas y me dije voy a comprar esta cesta mandarinas para la Graci (por Engracia C.P.) y allí la dejé yo zampándose las mandarinas con la boca llena la guarra, la puta que es una puta y morirá puta la mala puta. Y mi Ginés no, que no le gustaban las mandarinas que le daban azided de estómago y ella se cascó un kilo mandarinas la guarra, señor comisario. Y por la noche nos metimos a la cama y yo le dije a mi marido que si quería, vamos, usté ya me entiende, y que eso, que si quería. Y él me dijo que le había sentando mal la cena y no se encontraba bien, es que me da mucha vergüenza contar esto señor comisario ¿Tengo que contar estas cosas de la intimidad? Pues entonces yo le dije que ya vería él como le iba a quitar yo todos los males, que una mujer sabe como hacer que se le quiten los males al marido si hace falta. Y resulta que le sabía a mandarina, señor comisario. Que le sabía eso a mandarina que era un horror. Hay que se me vino el mundo encima cuando me di cuenta de que le sabía a mandarina y así al momento no caí, pero luego me dije ¿y esto (por el pene) como es que sabe a mandarina? Y claro, no podía ser de otra manera, y no se que me pasó que me vi fuera de mí, señor comisario y ya no se que hice. Hay que estoy muy arrepentida, pero si cogiera a esa puta me la comía, la rajaba, que por su culpa he matado yo a mi maridico, a mi Ginés.
-Pásese a Fiscalía de lo Criminal. El Comisario (ilegible)-

Biblioteca particular

Biblioteca particular Como veo que en este blog de cultura estáis todos muy verdes, me he decidido a enseñaros, a cultivaros, para que se os quite el pelo de la dehesa. Por ello, y sin que sirva de precedente, os recomiendo la lectura de alguno de los libros que ornan mi biblioteca particular. No se prestan. Si no queda claro de qué va alguno, quien quiera, que lo pregunte, que para eso están los comentarios. Mi lema es instruir deleitando. De nada.

Cuadernos para el monólogo
Política vermicular
Ganadería bonsái
Entomocinegética anal
El tetrástrofo monorrimo en la canción heavy
Técnicas de taxidermia en la cirugía plástica
Tablas de entrenamiento cascadeur para profesores de enseñanza primaria
Cría comercial del nematodo
Influencia del borborigmo en la música ccntemporánea
Estudios sobre la democracia laxante
Meteorología cartomántica
La sociedad autista
La ganadería porcina en el kibbutz
Influencias vangoghianas en la ototomía
Guía de publicaciones de las sociedades herméticas
Estudios sobre la sustitución del sufragio por la cucaña
Visión oncológica de las religiones fundamentalistas
Introducción del bushido en el márketing
Casuística de asfixia oxhídrica en recipiente manual
El ciego, visto por sí mismo
Teoría de los agujeros negros y su traslación a la hacienda pública
Eucaristía litomolinera
La pirotecnia en los medios de comunicación
La danza derviche en sesenta lecciones
Breve historia del derecho: del plato de lentejas al impuesto sobre sucesiones
El anópheles: técnicas de reproducción asistida
Catalunya canyí
Biografía de San Jorge
Cálculo dactilar
Consideraciones a la emasculación terapéutica en la criminalidad sexual
Cartografía para disléxicos
La música religiosa: El Morfeón
Manual de aguzamiento de vástagos de apoyatura filotelegráfica para su uso en papilionofilia
Cuadernos de poesía vomífuga
El estímulo a la productividad por el método del cómitre
Astrología práctica
El mortadelismo electoral
Aproximación al sindicalismo coolí por la hipnopedia
El Mahabarata resumido
La paternidad kamikaze
Introducción a la retórica culteranista en las hordas tártaras
El cristianismo desde la barrera
Perfumería massai
Colombofilia filatélica: tablas de calibrado de los matasellos
Técnicas de pugilato en pedagogía
Tratamiento contusocraneal del insomnio
Ensayos para una literatura mimética
100 mejores recetas de la cocina borgia
Nostradamus demostrado
Incidencia de la alopecia en la personalidad esquizoide: de Eliseo a Mussolini
Manufactura peduncular
Método de adiestramiento Jezabel para perros guardianes
El jibarismo en la Enseñanza General Básica
Episodios de resonancia por buccinamiento casual en flautas traveseras y su influencia en la investigación científica.
La solución contemporizante
El comportamiento femenino
Enología islámica
La expresión mímica en el cuaternario
Estultología
La reestructuración de plantillas de empresa por el método del Zyclon-B
Ablar el temporal como técnica persuasoria
Vaticano: hagiografía y agiotismo
Estudios comparativos: velocidad de la luz y propagación del error
La militancia contemplativa
Manual del uxoricida aficionado
Horticultura esquimal
Lecciones de criptografía para farmacéuticos
El funambulismo salarial
Terapéutica venusdemiliana de la onicofagia
Guía Marat del baño de asiento -incompleta-
Manual houdiniano para profesores de religión
Diagnosis de la alteración psíquica por la hepatoscopia
Ética sicofante
Estadística crucifacial numismática
La postura del misionero
Planificación urbanística en la casbah
Chino elemental
Fundamentos de la fe
Gastronomía etíope
Tratamiento de la anorexia por el método del Speculum Moris
El laberinto rectilíneo
Iglesia y usucapión
El kindergarten jackripperista
El pensamiento anal

Defensa (y aun encomio) de la gordita.

Defensa (y aun encomio) de la gordita. Nunca he atinado a comprender las veleidades de la moda, y, si acaso, puedo contemplar con una cierta displicencia las que atañen al aspecto exterior, vestido, calzado, peinado, pero se me hace muy cuesta arriba entender el por qué en un momento determinado de la historia vemos con ojos más complacientes un tipo de figura corporal que otro. En la antigüedad, y no hace falta irse muchos años atrás, primaba el gusto por la mollita, no se entendía como bella a la mujer que enseñase las costillas bajo la piel (o que se le supusiera tal desdoro, ya que ver, ver... no se veía nada). Después vino, quizá por contraste y rebelión contra el gusto establecido, el auge de la delgadez extrema, que me produjo incluso repulsión, y veíamos como paradigma de lo hermosamente femenino a unas apenas muchachas de las que, con dos, podríamos haber hecho una que fuera bonita. Ahora ni lo uno ni lo otro, no nos vamos a las alfeñiques, pero tampoco a las rellenitas, que algo es algo, pero ahora se pide a la mujer que esté cachas. Que marque musculito, que el otrora redondo vientre se convierta en marcado musculamen con sus cuadritos como tableta de chocolate. Quizá esta sea la moda de la salud a ultranza, pero, o cambiamos el concepto de femenino por uno nuevo y que comprenda únicamente la psique, o, directamente, entendemos que el bíceps y el glúteo marmóreos son tan femeninos como el blando y maleable.
Mas hete aquí que, como era de suponer, la mayor parte de la población femenina no entra dentro del estándar de la belleza femenina actual, esa mujer purasangre, y en vez de ocultarse como antaño, o de darse al disimulo vistiendo ropajes que disfracen sus deméritos, se expone claramente y reivindica su derecho a decir que son bellas a su manera. Las gorditas, las dulces gorditas, las tímidas gorditas, las amorosas rellenitas, las jamonas de toda la vida, las pizpiretas gordezuelas, las salerosas, ellas, hoy salen a la calle, muestran sin pudor sus lorzas, y nos dicen que la mollita es sexi. Ellas derraman sus generosos pechos ante nuestra vista en las playas para que les dé el sol, y hacen de sus ebúrneas carnes un reclamo de sensualidad a nuestra vista. Y uno, esteta por razón de nacimiento, no puede sino dar la razón a quienes así actúan. ¿No es, acaso, lícito que uno guste de la visión de la mujer entradita en carnes? ¿Ha de tomarse este gusto como una aberración sólo por ir contracorriente? ¿Ha de parecernos morboso apetecer de estas mórbidas carnes?
Pero la pregunta final es la de si ha de ser la ciencia la que determine qué ha de parecernos hermoso. La ciencia nos dice el peso que ha de tener la persona de una determinada talla, pero ¿es requisito sine qua non para poder empezar a considerar la belleza o fealdad de la misma?
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Guía práctica del lector.

Guía práctica del lector. Lo primero que se necesita para hacerse lector es tener un libro. Yo tengo uno, pero tú quizá no tengas, en ese caso lo que te recomiendo es que pidas uno prestado. La gente que compra libros no suele ser muy lista, así que seguro que encuentras algún pardillo que te preste, jajaja, uno. Hay quien se ha hecho bibliotecas muy respetables (y variopintas) con este método. También los hay que van a la librería del corti con un libro gordo gordo y muy sobado, pero que por dentro está vacío, y meten dentro los libros que van pillando, pero este método es más propio de escritores que de lectores. Aquéllos siempre han tenido menos escrúpulos. Pídelo de risa, de polis, o de alguien que hable mal de alguien. Esos son los que se leen con mayor facilidad, y vienen bien para empezar. Entre los útiles más ...eso, para la lectura, se encuentra el punto o guardahojas, que es una tarjetita que te regala alguien muy cursi, con versos y florecillas, y que sirve para saber que vas por ahí cuando te quedas sopa leyendo (tomad nota de esto también como regalo socorrido, fino y barato). El cojín también es muy recomendable y de múltiples usos, ora para asiento de cabeza, o de lo otro, o para recostarse y apoyar el libro. Los libros gordos se llaman mamotretos, de estos no leáis, que pesan mucho y sólo dicen cosas antiguas. Yo una vez leí uno de medicina y hablaba de la lepra, la sarna, la tiña, el moquillo y cosas así. Son mejores los libros de bolsillo, porque se pueden manejar con facilidad. Los libros gordos suelen abrirse bien, porque van con hilitos, pero si te encuentras con un libro de los que van pegados con pegamento y cuesta mucho esfuerzo mantenerlo abierto, lo mejor es ponerlo en el suelo abierto boca abajo y pisarlo, así ya se queda abierto con facilidad. Algunos libros llevan dibujos, ojo, si coges uno de esos, déjalo, que es para niños, y si te ven leyéndolo vas a quedar como el culo. Si ya has empezado a leerlo y no lo puedes dejar, usa el método del intelectual: vas a una librería y mangas la cubierta de un libro de los de intelectuales, uno de Javier Marías, o Juan Manuel de Prada, o alguien igualmente sesudoo, o de alguno que salga en la portada con bufanda (puedes preguntar a la señorita de gafas de culo de vaso que está en la mesa del fondo comiéndose un lapicero). Una vez armado con la cubierta del libro para intelectuales, se la colocas por fuera a "El pequeño Vampiro" o lo que sea que estés leyendo. Si haces esto procura adoptar un semblante serio.
Una vez que ya tenemos, más o menos, el libro, hemos de elegir una postura. Las tres formas de leer un libro son: sentadazo, tumbadazo y espatarradazo. ¡Nunca en una silla y con el libro sobre una mesa o pensarán que estás estudiando! Siempre ha de ser en un sillón de orejas, o en un sofá, y con una o dos piernas sobre el brazo (si el brazo es de madera, aquí viene bien el cojín ¿ves?). Si vas con faldas, tienes llevar calcetines, recoger las piernas y subir las dos al sofá, o enseñarás las bragas; esto no suele quedar bien, salvo que pretendas otras cosas, pero estamos en la lectura. Tumbadazo es sobre la cama o sofá, bien boca abajo y con el libro en el suelo, bien de lado; boca arriba no porque se te duermen los brazos, o te das con un canto en la nariz al pasar las hojas. Y espatarradazo puede ser ora en la cama, ora en otro mueble, con los pies para arriba apoyados en la pared, o en respaldo. Esta postura viene bien para descansar de las otras, y para las embarazadas. El lugar donde leer el libro también es importante. Yo recomiendo el váter. Total, si no ¿qué vas a hacer mientras? Pues así lees. También es bueno leer en el autobús, en el metro y en el coche... siempre que conduzca otro. Es mucho mejor leer que ver el careto de sueño que tiene el de al lado en el bus por la mañana, o si vas en coche con tu marido, así no pasas el rato increpándole por lo mal que lo hace, ni tienes que ver cómo se saca un moco en los semáforos. Donde no se puede leer es en las bibliotecas públicas, allí sí que no, el silencio le pone a uno nervioso. Otra cosa de la que proveerse para leer es de abundante bebida, cigarrito el que use, y algo de picar, bien sean patatas fritas, galletitas o algo con lo que entretenerse, porque la lectura es pasatiempo que abre mucho el apetito. Si haces esto debes tener una servilleta a mano, para no tiznar de grasaza las páginas, que luego se pegotean. Si pasa esto debes devolver el libro, para que vean que sí, que lo leíste. Un sitio muy a propósito donde darse a la lectura es en la cama. Ah, claro. ¡No lo habías pensado! Pues fíjate, qué cómodo, además pasa como en el váter. Total... si no vas a hacer otra cosa mejor... Un coqueto regalo para ella, para que veas que has pensado en su comodidad, es un antifaz para no molestarla con la luz mientras lees. Con eso y un buen tubo de vaselina, qué mujer no tiene asegurada la comodidad en el lecho, hombre, piensa en ella.
Ah, los libros, los libros, cuánta utlidad en tan poco espacio, cuánto entretenimiento, qué baratos en comparación con otras tonterías, y lo bien que queda uno cuando dice:¿Yo? ... Yo leo.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres